¿Dónde te metes?

Posted on 10 febrero 2009

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Un sobrino del abuelo de la hija de una prima del hermano de mi madre dijo que quería ser periodista. El primer universitario de la familia. Un Matías Prats, un Iñaki Gabilondo. Qué ilusión. No vamos a negar que a la última en cuestión de esta rama familiar también le picaba el gusanillo de otras cosas; en broma o en serio, lo cierto es que la buena mujer, que a las 12 en punto de la mañana, sin falta alguna, se ponía a bisbisear el ángelus mientras pasaba el polvo o fregaba el suelo de sintasol, se hacía la idea de que el chaval vistiera sotana, por aquello de estar más cerca del cielo y tal. O, si no apreciaba la vía religiosa, que por lo menos se hiciera médico doctor, un poco de cortafuegos ante tanta enfermedad y mala suerte en la familia.

Pero no, al crío le dio un aire, le dio por ahí. Cabeza tenía, pero bien la podía haber empleado para asuntos de mayor enjundia. Años después, el muchacho está en el paro. Dice que no tiene queja, porque lleva años trabajando “en lo suyo”, pero nunca le ha convencido. Nunca ha querido pasar por el aro de tener que pagar por trabajar, lo que los grandes medios de comunicación venden como Máster. Se indigna cuando ahora, en época de crisis, esos gigantes de la comunicación piden, como aves de rapiña, testimonios desgarradores del tipo “me he quedado en el paro, no tengo subsidio, estoy a punto de suicidarme“, porque dice que “cuándo cojones [literal, perdón] esos putos grupos van a hablar de cómo se cachondean ellos del trabajo, del paro y de la explotación laboral: horarios sin hora y prácticas de mierda”.

Yo creo que pizca razón no le falta -igual está un poco encendido y le pierden las formas- pero sólo hay que darse una vuelta por algunos sitios (a veces se pasan, otras no llegan) para sumar y sumar y sumar más gente en la calle. El chico éste del que hablamos insiste: “Cuatrocientos y pico en Unedisa, casi cien en Qué, ahora se cepillan Metro, 20 Minutos los echa de poco en poco para que no se note, en Zeta 500, vamos, un puto [de nuevo perdón] desastre. Aquí los capullos de los empresarios no saben gestionar nada, se meten en patrocinios millonarios que no dan una mierda de rédito, y cuando han arrasado un mercado, la gente a la puta calle [vamos a tener que pensar en medidas de censura].

Exaltado se le ve. En mi conversación con él, que más que charla es escucha, intento hacerle ver que hay otras opciones, que este país es del funcionariado, una buena oposición, y trabajo para toda la vida. Dice que eso no va con él, que se lo deja a gente acomodada. “Pero lo primero que me has dicho -le espeto- es que a ti lo que te solucionaría la vida sería un buen primitivón“. “No me toques los cojones tú también con la puta mierda esa de las contradicciones” [aquí lo dejamos, con esos modales no vas a ningún sitio. Ni aunque seas familia].

Manolete, si no sabes torear pa qué te metes.

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Posted in: Comunicación