Coltán, el paradójico oro del siglo XXI

Posted on 16 marzo 2009

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De pedrusco a materia prima estratégica en las telecomunicaciones. Como si del vertiginoso ascenso de soldado patoso a sargento se tratara, un mineral de existencia casi anecdótica se ha convertido en el oscuro objeto de deseo de las firmas tecnológicas occidentales. Y, a la vez, en motivo de duros enfrentamientos entre facciones implicadas, y, por qué no decirlo, en nuevo objeto del histórico expolio sobre África.

minas_coltanEl coltán es un mineral del que se extrae el tantalio, uno de los mayores conductores del mundo, y se utiliza en la fabricación de móviles, ordenadores portátiles y armamento, de ahí su importancia en la actualidad. El 80% de las reservas mundiales se encuentra en la República Democrática del Congo, que acaba de salir de la Gran Guerra Africana, en la que murieron -hasta 2003- casi 4 millones de personas.

Algunos medios de comunicación -pocos- y algunos autores valientes, como Vázquez-Figueroa, se han atrevido a denunciar una situación paradójica: los ricos recursos minerales del Congo sólo han dejado pobreza y sufrimiento a su población. El que trabaja más cerca del mineral es el que menos tiene, y viceversa. La explotación minera ha atraído como aves de rapiña a los Señores de la Guerra, facciones armadas, países limítrofes interesados en sacar tajada… y, por supuesto, en el lejano horizonte, a los grandes fabricantes occidentales de tecnología. Eso sí, sus manos siempre quedan limpias gracias a la hábil utilización de intermediarios.

Expolio histórico. Esa es la situación que ha vivido durante cientos de años el continente africano: materias primas, recursos naturales, mano de obra -barata, en el mejor de los casos; esclavos, en su forma más cruel-… ése es el panorama desolador que especialmente Europa ha dejado en África. Y nos extraña que la gente se juegue la vida en busca de una vida mejor, de tener nuestros mismos derechos y nuestro mismo poder adquisitivo. Para las mentes más cerradas, he aquí el mensaje: creo que África merece una mínima compensación económica, natural y sobre todo humana. Y todavía hay países reticentes a condonar la deuda externa. ¿Qué deuda externa? Para deuda, la brutal cicatriz que Occidente ha dejado en el continente más pobre del planeta. Eso sí que es memoria histórica.

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