Obama encuentra el punto G… 20

Posted on 3 abril 2009

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Vivimos la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial y los países del G-20 (los que parten el bacalao del 85% de la riqueza del planeta) la han arreglado en 24 horas. Evidentemente, no es cierto. Pero si es así, ¿por qué no le pusieron freno a la sangría de dinero y desempleo, o lo que es mejor, por qué no lo evitaron cuando se atisbaban problemas?

La crisis es una combinación tóxica de falta de crédito y desempleo. El antídoto que ha buscado el G-20 es una gran inyección de liquidez y una supuesta regulación financiera mucho más estricta, con la que presuntamente se acabarán los paraísos fiscales y la locura de bonus que reciben los directivos de grandes empresas. Está por ver que las palabras se conviertan en acciones contundentes, que los bancos abran el grifo y las empresas actúen con responsabilidad y no sólo en busca de beneficios.

La cumbre del G-20, además de dejar la impresión de que los superhéroes del planeta van a acabar con la crisis, la pobreza y el cambio climático -cuestión que también incluyeron en el comunicado final- de un plumazo, me ha llamado la atención por un par de cuestiones, además de lo curioso de que Jamie Oliver cocinara la cena de gala, y de la estupidez de turno, que no podía faltar, referente a la polémica por una poco protocolaria palmada en la espalda de Michelle Obama a la reina Isabel II): por un lado, el papel absolutamente secundario y rancio, más propio de otra época que del siglo XXI, que han desarrollado las primeras damas de los países representados en la cumbre de Londres. Mientras ellos, los machos, jugaban al Monopoly global, ellas, las hembras, escuchaban fragmentos del nuevo libro de J.K. Rowling y hacían turismo cultural por la capital británica. ¿Esa es la imagen que quieren proyectar los países más avanzados del mundo? Casi habría sido mejor que se quedaran en casa (sólo había dos mujeres como líderes de sus países: la alemana Angela Merkel y la argentina Cristina Fernández).

Por otro lado, me tragué parte de la rueda de prensa de Obama, y creo que entendí aproximadamente algunas de las claves de su éxito. Al margen de que se haya convertido en un icono para gran parte de la población norteamericana al tratarse del primer negro en la Casa Blanca –“exotismo histórico” lo llaman algunos-, es un gran orador que cuida mucho continente y contenido, de forma que es lo más aproximado al político ideal. Su buena destreza en el manejo de los gestos y sus declaraciones, ya sean ciertas o interesadas, le hacen parecer sincero y sensato, que no es poco tratándose de un político.

Le preguntaron si había recibido algún “tirón de orejas” por parte de los otros miembros del G-20 puesto que es generalizada la opinión de que la crisis tuvo su raíz en Wall Street y en el sistema finaciero de EEUU. “No podemos negar que en parte así es”, dijo con tranquilidad y sinceridad. No es poca cosa. Y envolvió con papel de regalo que para él, EEUU es lo primero -nada que reprochar en esto-: “Si ayudamos a los países pobres a crecer, ganaremos un científico que de otra manera podríamos perder, y que se acercaría a movimientos extremistas antiamericanos”, vino a decir.

Además, habla muy despacio, pensando en la palabra oportuna, y consigue la atención del público. Poca gente tiene ese don -a él también le ayuda su posición como líder de la primera potencia mundial-. El caso es que al acabar la rueda de prensa los periodistas que había en la sala le aplaudieron. Es el nuevo mesías.

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