Tiranicidios

Posted on 15 abril 2009

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El siglo XX tuvo la peculiaridad, desde el punto de vista político, de reunir diversos regímenes totalitarios que, si bien ideológicamente partían en algunos casos de posiciones antagónicas, en sus formas, métodos y objetivos tenían grandes similitudes. Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Pol Pot… todos concebían un Estado fuerte y opresivo que debía controlar férreamente a la población.

Las eras que protagonizaron fueron de diferente duración. Mientras Hitler dirigió Alemania durante apenas una década y se suicidó cuando se vio derrotado en la Segunda Guerra Mundial, Franco ha sido de los pocos dictadores que han muerto en su propia cama al frente de un país. Sin embargo, no siempre pudieron contar con una adhesión firme e indisoluble. La reciente película ‘Valkiria’, protagonizada por Tom Cruise, repasa el intento de asesinato del Führer encabezado por el coronel Claus von Stauffenberg. Algunos historiadores cifran en unos cuarenta los intentos de asesinato contra Hitler, mejor o peor organizados. Por su parte, el Caudillo vivió con relativa tranquilidad durante los cerca de 40 años de franquismo. Algún intento esporádico y poco organizado, incluso previo a su asalto del poder, es lo único reseñable. El libro ‘Los atentados contra Franco’ (Plaza y Janés), escrito por Eliseo Bayo, cuenta hasta doce intentonas contra el dictador y después dio lugar al documental ‘Los que quisieron matar a Franco’.

Sudamérica también ha vivido un convulso siglo XX en este mismo sentido. Videla, Pinochet, Batista son sólo algunos terribles ejemplos. En la República Dominicana, el sanguinario Rafael Leónidas Trujillo ejerció su poder durante 30 largos años hasta que en 1961 fue asesinado por un grupo de colaboradores cercanos. La historia la reflejó con una fantástica prosa el celebrado Mario Vargas Llosa en su novela ‘La fiesta del chivo’. Fue uno de los pocos tiranicidios finalizados, al menos, del siglo pasado. “Aquel que mate a un tirano en orden para liberar a su país es alabado y recompensado”, decía Santo Tomás de Aquino. El problema surge muchas veces después de cumplido el objetivo. La propia República Dominicana fue una amalgama de voces, disputas, conflictos y desórdenes tras la muerte de Trujillo. Irak ha sido algo parecido tras el ajusticiamiento de Sadam. Sin contar la difícil transición hacia la democracia que vivió España tras la muerte de Franco. La cuestión es: ¿fueron o habrían sido éticos estos intentos -unos logrados, otros fallidos- de tiranicidio?; ¿es justificable la violencia para acabar con la violencia?

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