El Día de la Tierra… sucia

Posted on 22 abril 2009

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Este miércoles, 22 de abril, como todos desde 1970, se celebra el Día de la Tierra en todo el mundo. El evento surgió gracias al impulso del senador estadounidense Gaylord Nelson, un gran apasionado del medio ambiente que quiso instaurar una cultura de concienciación sobre los problemas derivados de la contaminación. Fue un adalid de lo que hoy llamamos lucha contra el cambio climático, un adelantado a su tiempo. Desgraciadamente, 40 años después, como si el senador barruntara lo que se avecinaba, los desastres medioambientales y el nulo interés político y económico por la conservación del planeta dibujan un futuro gris para las próximas generaciones, y de hecho la nuestra ya está sufriendo algunos de los letales efectos de la putrefacción de la naturaleza.

Hay cientos, miles de ejemplos de casos denunciables de maltrato ambiental; por proximidad geográfica, me gustaría incidir especialmente en la insoportable situación del Parque Regional del Sureste de la Comunidad de Madrid. Declarado espacio protegido en 1994, es todo lo contrario de lo que debería ser una zona de especial interés medioambiental. Es un lugar que debería considerarse único; en su paisaje de ribera se dan buena cantidad de endemismos vegetales, especies animales fantásticas, formaciones yesíferas espectaculares y el maravilloso enlace entre Jarama y Manzanares. Sin embargo, cada paso por el parque es un puñetazo de boxeo en el rostro del visitante. Fétidos olores en el Manzanares, brutal sobreexplotación de las zonas de extracción de áridos y, sobre todo, sus dos grandes tumores: el cubo de basura de los 5 millones de habitantes de la capital está dentro de sus límites (Valdemingómez), y la intolerable Cañada Real Galiana, esa serpiente de cartones, fango y chapa que concentra la miseria de 40.000 almas.

Cuando se trata de un grave cáncer, lo mejor es extirpar. Pero en este caso, aunque el diagnóstico es cristalino, no está nada claro que los doctores estén interesados en intervenir, más bien prefieren poner tiritas. Que el Día de la Tierra sirva al menos para mantener una actitud crítica ante el deterioro del medio ambiente, gracias al que respiramos y nos alimentamos. Son nuestros pulmones y nuestro corazón los que están en juego. No es mi intención andar con moralinas baratas, pero podemos reciclar más y mejor de lo que creemos, podemos ahorrar más energía de la que sospechamos y podemos contaminar menos de lo que lo hacemos . Sólo se trata de intentarlo y de pensar en cómo es la gran casa que les queremos dejar a las siguientes generaciones: un lugar confortable donde vivir o una pocilga donde pudrirse.

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