Televisión pública sin anuncios

Posted on 8 mayo 2009

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El Gobierno ha decidido que TVE deje de financiarse con publicidad.  La medida ha desatado la polémica, pero qué no la desata últimamente. Televisiones privadas y empresas de telecomunicaciones deberán pagar un impuesto adicional para afrontar el cierre del grifo en la televisión pública, pero nunca llueve a gusto de todos: antes las privadas se quejaban amargamente de que TVE no debía incluirse en el reparto de la tarta publicitaria; ahora que ya se pueden dar el festín sin el incómodo comensal, también se quejan porque consideran demasiado (3% de sus ingresos brutos) la cantidad que deben aportar.

No digamos de las telecos. Han dicho: “¿Sí? No te preocupes, que nosotros no vamos a pagar, lo van a pagar los consumidores”. De este modo, Telefónica, Vodafone, Orange y demás planean repercutir la aportación que deben realizar de sus ingresos (0,9%) en una subida de tarifas en la factura. De hecho, aseguran que señalarán en rojo la parte que va de nuestro pago a financiar a la corporación pública. Como siempre, el consumidor final es el perjudicado. Pero las telecos hacen en este caso un irresponsable y brutal ejercicio de pataleta que no está a la altura y se comportan como burdos y tacaños mercaderes. Porque además también se beneficiarán de la salida de TVE del mercado publicitario, puesto que la competencia entre las privadas por el reparto del pastel les deja en buena situación de negociación. Pretenden dejar la pelota en el tejado del usuario, cuando en realidad da la sensación de que quieren dar una vuelta de tuerca más a esta crisis y ahogar a sus clientes con una ya de por sí carísima banda ancha (la más alta de Europa).

Como en muchas ocasiones, también todo tiene que ver con las costumbres y la cultura. En Reino Unido cada familia paga un canon, unos 150 euros anuales por acceder a la televisión pública, la BBC. Evidentemente, la categoría del canal, que es referente de calidad y seriedad en todo el mundo, está a años luz de nuestra actual TVE, que alterna buenas iniciativas (nada que ver los actuales informativos con la negra época Urdaci) con bodrios rancios de otros tiempos como ‘Los mejores años de nuestra vida canción a canción’. Llegado el momento, ¿estaríamos dispuestos a pagar un impuesto directo? En Alemania y en Italia también se paga, pero si bien la programación cultural en la televisión germana sí podría merecer los dineros del bolsillo del ciudadano medio, en el imperio Berlusconi la gente está muy descontenta y hacen lo que pueden por evitar el impuesto.

El modelo de financiación que va a implantar el Gobierno quizá sea un híbrido entre los anteriores y tremendamente similar al francés. No sabemos cómo funcionará y si todos estarán dispuestos a cumplir su parte, pero RNE siempre ha funcionado razonablemente bien sin publicidad. En general estamos (mal)acostumbrados al todo gratis. Cuando La Sexta emite seis partidos en directo, ninguna queja. Cuando, a partir del próximo año (o cuando llegue, que todavía no está muy claro), con la TDT de pago, pidan un euro por partido, más de uno seguirá bajándose al bar.

Esperemos, eso sí, que TVE se enfoque definitivamente hacia unos contenidos de calidad y exclusivos. Ahora no hay excusas. Ya no necesitan estar tan pendientes de la lucha por las audiencias, porque no deberán utilizarlas como argumento de venta publicitaria. Ahora sí puede ser el salto definitivo hacia producciones ambiciosas que sitúen a la televisión pública más cerca de ese espejo en el que se quiere mirar (la BBC), pero que siempre le devuelve una imagen distorsionada.

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