En busca de las palabras

Posted on 14 mayo 2009

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Tenemos suerte. Sí, definitivamente nos ha tocado vivir una buena época. Pensaréis que cómo se me ocurre tal barbaridad, entre gripes porcinas, crisis financieras y demás, pero lo cierto es que tenemos una esperanza de vida de 80 años, cuando hace pocas décadas el que levantaba la voz era un problema resuelto con plomo (en algunos lugares del mundo sigue ocurriendo, desgraciadamente). Sin embargo, hoy, cuando las pistolas parecen haber callado para siempre (hablemos bajito, no se despierten), son las palabras las armas con las que jugamos. Es la herramienta con la que intentamos convencer al entrevistador de turno de que somos el mejor candidato para un puesto de trabajo. Es aquello con lo que pretendemos conquistar a la media naranja. Es lo que nos define como dulces y amables o toscos y bordes. En definitiva, es con lo que se gana y se pierde en nuestro tiempo.

Me llama mucho la atención el interés que ha surgido en los últimos tiempos por las nubes de palabras, la visualización gráfica de los términos más utilizados en un texto o un discurso. En sitios como wordle.net puedes introducir todo un texto y te dará como resultado una ilustración en la que unas palabras tienen mayor tamaño que otras en función de cuáles han sido más repetidas. El New York Times hizo el pasado enero una fantástica comparativa de nubes de palabras referidas a los discursos de toma de posesión de los presidentes de EEUU, desde George Washington en 1789 a Barack Obama hace sólo cuatro meses. Muy interesante comparar “libertad, nación, país, historia…” de Bush (2005) con “pueblo, trabajo, generación, común…” de Obama.

Pues bien, en el Debate sobre el estado de la nación del pasado martes, elmundo.es fue de los pocos que se atrevió con algo original. Todos tiraron de Twitter, como si su uso fuese lo más in, pero creo que abusaron de la herramienta. Dio la sensación de que lo utilizaron para hablar de cotilleos de pasillo (quizá era lo que buscaban), aunque ese sería otro tema. El caso es que elmundo.es fue el único que se lanzó con las nubes de palabras y este fue el resultado.

Nube de palabras del discurso de Zapatero

tagcloud_debate_zpNube de palabras del discurso de Rajoy

tagcloud_debate_rajoyDe un vistazo tampoco vamos a destripar nada nuevo: cada uno estuvo en su papel y con sus herramientas (palabras) habituales, las que les correspondían a uno como gobernante y a otro como oposición. Pero es interesante, muy visual y, en el caso de los políticos, sirve para darse cuenta de que, al fin al cabo, todos caen en lugares comunes, frases hechas y palabras que, por repetitivas, se convierten en machaconas y faltas de frescura.

Todo el mundo busca la palabra perfecta: los periodistas deportivos son muy dados a buscar adjetivos grandilocuentes para describir algo histórico, espectacular, impresionante, bestial, brutal, gigantesco, irrepetible, fantástico… Al Papa Benedicto le ha pasado algo parecido: ya metió la pata con un discurso que incendió a la comunidad musulmana hace un par de años y ahora, en visita a Oriente Próximo, precisamente ha intentado no caer en el error. Por eso le ha dicho a cada uno lo que quería oir: a los judíos, que no ha de olvidarse el holocausto nunca; a los árabes, que el muro israelí es trágico. Todos contentos (más o menos).

En cuanto a los políticos, de natural mamporrero y hooligan, el cuerpo les pide dejarse de florituras y eufemismos para lanzarse a la yugular del adversario y pintarle de cacho cabrón para arriba, pero a lo más que llegan es a discusiones de niños de primaria, como en el reciente debate: “mentiroso, faltón, no sabes leer, perdedor…”. Todo se debe, precisamente, al miedo a perder. Los políticos están más pendientes de no caer derrotados que de hacer su trabajo, gobernar y trabajar conjuntamente para desarrollar leyes que sirvan para el progreso del pueblo y para alcanzar cierta justicia social. Nuestros políticos, desgraciadamente, hacen un uso de las palabras desafortunado, aprovechado y mezquino, explotando además al máximo su amplia exposición en los medios de comunicación; vamos, que los micrófonos siempre están abiertos para ellos y creen evangelizar con cada palabra.

Definitivamente no están a la altura. Sólo se acuerdan del ciudadano en época electoral y después si te he visto no me acuerdo. Por eso le tienen tanto miedo a inventos del tipo ‘Tengo una pregunta para usted’. Porque además ninguno baja de su burra. Ninguno es capaz de dar su brazo a torcer, reconocer errores propios y aciertos ajenos. Porque les falta experiencia. Porque les falta tolerancia. Porque nuestra democracia es demasiado joven.

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