Inventos

Posted on 25 mayo 2009

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Mi lavadora tiene 20 programas, el lavavajillas 8, no me acuerdo de cómo se buscan canales en la tele, para operar en el banco a través de Internet tengo que estar bajando a la sucursal cada dos por tres para que me den un clave nueva… me supera, me supera este tiempo de ceros y unos, y es que a veces digo “¡basta!” y me da por la vía contemplativa y analógica. Por eso llevaba varios días en stand by. El caso es que, siguiendo con la retahíla del inicio, tengo dos carpetas de esas de cartón -que ya por su propia naturaleza diabólica te sacan de quicio para armarlas- llenas de manuales de instrucciones: nevera, microondas, batidora, exprimidor, ventilador, despertador…

Si a mí ya me cuesta entender las múltiples -y en su mayoría inútiles y estúpidas- funciones de mi móvil, imagino que para mis padres tiene que ser una verdadera odisea. Cuando mi padre descubrió el universo del teletexto, para qué te voy a contar: al principio no daba una, pero ya se sabe las páginas exactas: la 210, para la quiniela; la 460, para las loterías.

Algo así, pero en un estadio previo, debió de pasarles a nuestros abuelos cuando descubrieron… ¡la bolsa de plástico! Todo cabía, todo se protegía, todo se podía transportar con ese invento, que llenaban hasta reventar con ropa envuelta en bolsas dentro de más y más bolsas, todas ellas dentro de una gran bolsa que adquiría la forma de un fardo mastodóntico. Y ellos llegaron y le pusieron la guinda: ¡el nudo! Los dos, y tres, y hasta cuatro nudos que concienzudamente practicaban con las asas, imposibles de desatar cuando llegaban al destino. Mejor era no luchar contra ellas y ¡zas!, directamente a tirar de tijeras para cortar.

Ahora estamos en Facebook, en Twitter, en Tuenti (a esto me niego, porque ya soy Zerti), el Messenger parece cosa del siglo pasado… estresado, como digo; nuestros nietos se reirán de nuestra inocencia y de nuestras costumbres del Pleistoceno cuando les digamos que teníamos que escribir en un teclado, o simplemente que teníamos que apretar un interruptor para dar la luz, o que nuestros coches funcionaban con gasolina. No sabemos lo que el futuro nos guarda como sorpresa, pero seguro que no se parece en nada a lo que tenemos hoy, y seguro que nosotros, con nuestros supuestos avances, seremos padres y abuelos torpes para aprender la tecnología con la que nuestros nietos se desenvolverán en el día a día.

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Posted in: sociedad, Vida