Mamá, quiero ser tertuliano

Posted on 9 octubre 2009

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El Dúo Dinámico querían ser aurora boreal y el eco de tu voz, Los Chichos querían ser libres, Almodóvar quería -e iba a- ser mamá, Concha Velasco quería ser artista… y yo… yo ya lo he decidido: mamá, quiero ser tertuliano. Estar todo el día en la tele y en la radio, que me maquillen, me peinen y me pongan guapo, y que me dejen opinar de todo sin saber de nada.

Martes, 23.30 horas: araño con la cuchara los últimos mililitros de un yogur natural azucarado (manías de uno) mientras veo el programa de Vicente Vallés en el Canal 24 horas. El sueño me acaba venciendo. Miércoles, 09.05 de la mañana: araño con la cuchara los últimos grumos de la taza de cola-cao frío (manías de uno) mientras veo el programa de Ana Pastor en La Primera. Me estoy despertando. Mis acciones son tan simétricas, que hasta en la tele me han querido acompañar en este acompasado baile… ¡porque los tertulianos son casi los mismos! ¿Es posible que se hayan leído toda la prensa del día, que hayan hecho un análisis exhaustivo de los temas calientes, que se hayan informado suficientemente de asuntos quizás desconocidos… habiéndose acostado tarde y levantado pronto? Si es así, chapeau. Me quito el sombrero y ahora entiendo que Pizarroso tenía razón en la facultad cuando decía que el buen estudiante debía levantarse pronto para leer la prensa durante al menos dos horas antes de ir a clase, asistir a todo tipo de conferencias y cursos, y por supuesto hacer prácticas de las de por amor al arte.

Pero me falta un tertuliano de la terna de anoche. ¡Oh, cielos!, no puede ser, ¿se habrá quedado dormido de tanto empalme de tertulias? Tranquilos. Está en la radio, con Francino. Como más bien no me convence lo de que sean alumnos aventajados, me da sin embargo que esto es como cuando compras un pack. Uno contrata el pack tertualiano, y el susodicho se reparte entre aquí y allá, para mayor jolgorio del amigo taxista. Y eso sí, son gente aseada, educada, de buena familia… nada que objetar, salvo que opinan de todo, nunca les pillas fuera de juego y siempre saben llenar sus minutos aunque sea con el discurso más vacío del mundo (salvo alguna honrosa excepción, como Eduardo San Martín, que al menos se suele mostrar ecuánime, objetivo y equilibrado).

El gran Juan Cruz decía en una columna del pasado año refiriéndose a Iñaki Gabilondo que “una vez un tertuliano de su época de la SER dijo: “De eso no sé nada”. E Iñaki mandó detener la tertulia: “Insólito; un tertuliano ante el micrófono dice que de algo no sabe nada”. Hoy todos saben de todo. Es el tiempo de la todología, que no se estudia en las escuelas ni las universidades, sino que es un virus mezquino y soberbio que está matando a la humildad.

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Posted in: Comunicación