15M (I): Causas

Posted on 23 mayo 2011

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Una semana después del comienzo de las acampadas en muchas plazas de España a raíz de la manifestación del pasado día 15, me atrevo a lanzar un post triple poniendo un poco en orden (si es que se puede) motivos, desarrollo y posibles consecuencias del movimiento que ha surgido. Como siempre, sin pretender dogmatizar e incluso para saber si yo mismo soy capaz de entenderlo y llegar a alguna conclusión.

El movimiento denominado ya como 15M es la consecuencia natural, aunque de inesperada repercusión, de una serie de iniciativas anteriores que pretendían protestar por la actual situación política, económica y social. De distinta procedencia, composición y audiencia, comenzaron su andadura hace unos meses en redes sociales y en foros: No les votes, Anonymous, Juventud sin futuro, y otros muchos grupos y asociaciones vecinales, estudiantiles y culturales. El colectivo Democracia Real Ya ha venido a aunar posturas comunes y a impulsar la acción en la calle con el objetivo de canalizar dichas reivindicaciones. El resultado, tras la exitosa convocatoria del 15 de mayo y las posteriores acampadas, es el que ya todos sabemos.

Miles de personas han simpatizado estos días con el movimiento 15M. ¿Utopía? ¿Verdadera democracia participativa?

Miles de personas han simpatizado estos días con el movimiento 15M. ¿Utopía? ¿Verdadera democracia participativa? Foto: AFP

Este brevísimo resumen cronológico hace que parezca hasta sencilla y lógica la evolución de los acontecimientos; pero no es tan fácil. Lo que en principio parecían protestas centradas exclusivamente contra la ley Sinde y parecían tratar como accesorios otros asuntos como la reforma de la ley electoral o la hipotecaria, han encontrado puntos de unión, tanto en las ideas como en las formas, para dar sentido a algo mucho mayor: el cuestionamiento del actual sistema democrático y económico. Esa transversalidad es una de las causas del éxito de  esta movilización. Hasta cuándo durará su presencia física y en los medios de comunicación es una incógnita. Pero no nos quedemos en las últimas semanas y meses. Vayamos más atrás.

Las reivindicaciones surgidas con el 15M y las posteriores acampadas impelen al mismo sistema que ha propiciado el mayor período de paz y modernidad en España, una democracia constitucional con monarquía representativa. Cuando el 6 de diciembre de 1978 el 87% de la población votó en referéndum a favor del proyecto de Constitución, los españoles pasaban de un plumazo de soportar 40 años de falta de libertades a convivir bajo una de las constituciones más avanzadas de Europa en material social y de derechos fundamentales.

Con altibajos, pero España ha vivido décadas de crecimiento económico y social hasta llegar a ser considerado como país de referencia en Occidente. Sin embargo, la brutal crisis financiera de 2007-2008 afectó aquí como posiblemente en ningún otro país de la UE, incluso más que en las rescatadas Grecia, Irlanda y Portugal. Nos plantamos aquí y ahora, a mediados de 2011, cuando los países centroeuropeos ya están saliendo de la crisis a golpe de crecimiento del 3%, con casi 5 millones de desempleados (más del 20% de la población), entre ellos un 40% de jóvenes.

¿Por qué no antes?
Durante este corto pero intenso período, millones de jóvenes trabajadores que en su día dejaron de estudiar porque ganaban sueldos estratosféricos en la construcción se han quedado en paro. Y otros tantos estudiantes han acabado su etapa formativa y se han dado de bruces con un mercado laboral que no les abre las puertas o, en el mejor de los casos, les explota con salarios insultantes para su nivel de preparación educativa. A todo ello, otros tantos trabajadores de edad avanzada se han visto abocados a engrosar las listas del Inem a causa de expedientes de regulación de empleo y del endeudamiento que ha provocado el cierre de cientos de pymes.

A este puchero hirviendo añadámosle recortes de salario a los funcionarios, subida de impuestos, retirada de prestaciones sociales y ventajas fiscales… todo ello dirigido por un gobierno socialista presionado por la UE y los mercados financieros que ponen en duda cada día la solvencia de nuestra economía para pagar la deuda exterior.

Sigamos agitando el cóctel: rescates multimillonarios para la banca, que a su vez no permite el acceso a créditos para pequeñas y medianas empresas por falta de confianza; una casta política cada vez más enquistada en unos beneficios económicos y laborables intocables y que a la vez protagoniza casos de corrupción un día sí y otro también; y así, con esa combinación de angustias micro y macroeconómicas y sociales, llega el hartazgo: los políticos se convierten en la tercera preocupación de la población, en cerca de 1,4 millones de hogares todos los miembros de la familia están desempleados y muchos jóvenes comienzan a emigrar en busca del trabajo que no encuentran aquí. En resumen, el título I de la Constitución, el relativo a los derechos fundamentales de los ciudadanos, queda incumplido sistemáticamente por las dificultades sociales para cubrir necesidades básicas como vivienda, trabajo, educación y sanidad dignos. Llegados a este punto, ¿nos vale entonces esta democracia?; ¿nos vale este sistema?

Quizá el desencanto, quizá el conformismo, la melancolía, hasta el miedo… muchos pueden ser los motivos por los que la población -especialmente los jóvenes- no haya salido salido a la calle antes a protestar. También, por qué no, un sentimiento del que se ha hablado mucho estos días: orfandad. Una sensación de desamparo y decepción con los políticos, en cuyas manos hemos dejado inconscientemente la gestión de nuestra economía y hasta de nuestras vidas. Creíamos que de ellos dependía la creación de empleo, la sustentación del estado del bienestar y la solución a los problemas. Pero, haciendo un paralelismo con lo que Iñaki Gabilondo ha venido sosteniendo sobre el presidente Zapatero en los últimos meses, hemos infravalorado las dificultades o sobrevalorado nuestras capacidades (o una mezcla de ambas cosas).

Protestas en Islandia

En el invierno de 2009 los islandeses se echaron a la calle con unas reivindicaciones similares a las que plantea el movimiento 15M. En la imagen, una mujer sostiene un cartel donde se puede leer "Nueva democracia"

El estallido en redes sociales
Aunque existen diferencias, España no ha vivido una situación muy dispar de la que han sufrido otros países de nuestro entorno. Pero llamó mucho la atención entre grupos afines a este movimiento y entre los usuarios de redes sociales más “combativos” (no sé traducir heavy-users pero tampoco quiero utilizar el friki-término) el caso islandés, una revolución silenciosa en un pequeño y gélido país de poco más de 300.000 habitantes que consiguió un cambio total en sus estructuras políticas y económicas. Silenciosa… y silenciada, porque los medios de comunicación apenas se hicieron eco de un levantamiento pacífico pero firme que consiguió cambiar el gobierno, encarcelar a los responsables de la catástrofe financiera en la que cayó el país, negarse en referéndum a la devolución de una deuda no generada por la población y comenzar la redacción de una nueva constitución que no recogiese los errores del pasado.

El romanticismo de un pueblo que se echa a la calle para castigar a sus gobernantes y cambiar el estado de las cosas prende como la pólvora, y junto con ello, también otras pequeñas llamas que surgen con las protestas juveniles en Grecia por el alto nivel de paro y los recortes sociales que el gobierno heleno tiene que implantar a causa de su rescate financiero por parte de la UE.

Y todo ello con la imprescindible utilización masiva de Twitter y Facebook, que sirven como espacio de reflexión, participación y finalmente de convocatoria. Así se planteó de hecho la manifestación del 15 de mayo. Quizá incluso como una más de esos utópicos que piden la paz en el mundo, podría pensar alguien que mira estos movimientos con cierto desapego. Pero hartazgo, azar o cóctel explosivo, el caso es que su desarrollo resulta sorprendente. Más de 20.000 personas en Madrid y unas 150.000 en toda España salen a la calle en plena campaña electoral de la municipales y autonómicas, y algunos medios (en su mayoría digitales -20minutos.es, lainformacion.com-) sí parecen tomarse relativamente en serio la protesta. Después, espontáneamente, surgen las acampadas que se convierten en foro a la vieja usanza, en plaza (intelectual y física) donde el pueblo se manifiesta y discute, con todas las ventajas e inconvenientes, con todos sus aspectos positivos y negativos, con todos los defensores y detractores que ello genera.

Como decíamos al principio, el movimiento parece causa natural de todo lo anterior. En definitiva, no hay que ser sociólogo para detectar que “por algún lado” tenía que estallar la actual situación, aunque sólo sea por el simple derecho al pataleo.

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Posted in: Política