15-M (II): Una crónica

Posted on 25 mayo 2011

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El domingo 15 de mayo parecía un día más de la anodina campaña electoral en la que todo parecía decidido. Aunque se elegían alcaldes y presidentes autonómicos, el electorado castigaría la gestión nacional de la crisis por parte del PSOE y el PP estaría en disposición de conseguir algunos de los feudos históricos socialistas. Zapatero daba un mitin en Zaragoza justificándose y Rajoy otro en Valladolid sin hacer mucho ruido. El día amanecía soleado y hasta caluroso. Invitaba al paseo y la terraza de verano adelantado. Pero cerca de 150.000 personas (20.000 en Madrid) preferían acudir a la convocatoria de Democracia Real Ya (DRY) para reivindicar una regeneración política y una mayor participación ciudadana.

Así fue el incio de #acampadasol (Gorka Lejarcegi / El País)

Así fue el incio de #acampadasol (Gorka Lejarcegi / El País)

Como decíamos en el anterior post dedicado a las posibles causas del fenómeno, el vaso de agua se desborda y por el impulso de las redes sociales y quién sabe si por el azar, comienza la acampada de Madrid, no directamente relacionada con el movimiento DRY. Tras algunos encontronazos violentos en las manifestaciones y al caer la noche, un grupo de apenas 30 personas decide pasarla en la Puerta del Sol como gesto de afirmación de la iniciativa. A las 6 de la mañana del día 17 son desalojados por la Policía.

Acaba de nacer el movimiento 15M. Miles de personas vuelven a manifestarse en Madrid y en otras ciudades, y se levantan campamentos en la mayoría de capitales de provincia del país. El fenómeno es imparable, crece como una bola de nieve cuesta abajo y rompe completamente la campaña electoral. ¿Pero qué hacen? ¿Qué piden? ¿Quiénes son?

Acontecimientos vertiginosos
La acampada más numerosa y de mayor repercusión, la de Madrid, se organiza como una pequeña sociedad autogestionada. Se celebran asambleas donde se da voz a todo el que quiere participar. Hay comités organizativos (limpieza, comunicación, infraestructuras, etc.). Afianzan en su asentamiento la cobertura de necesidades básicas (comida, camas, enfermería…). No tienen una cabeza visible, sino una serie de portavoces que se turnan en sus intervenciones en los medios, que ahora sí, abren sus informativos y sus primeras páginas con la recién bautizada #spanishrevolution. La Puerta del Sol deja de ser conocida sólo por las uvas de Nochevieja y su imagen abarratoda alcanza también repercusión en medio mundo: el New York Times, el Washington Post, The Guardian o Le Monde (sólo enlazo a los principales ejemplos, se puede tirar de sus buscadores para encontrar más referencias), por mencionar los más importantes, se hacen eco de las protestas e incluso abren sus portadas con la noticia de las concentraciones.

El manifiesto de DRY, sobre cuyo ideario trabajan las comisiones y asambleas, propone medidas en materias como empleo, vivienda, banca, ley electoral y limitación de las prebendas de los políticos. El movimiento genera mayoritariamente simpatías entre la población, pero pilla absolutamente desprevenidos y desconcierta brutalmente a partidos políticos y medios de comunicación, que acaban de perder el foco de una manera rotunda, foco del que se consideraban dueños durante la campaña electoral. Los grandes partidos dicen estar “escuchando” a los jóvenes acampados y los medios no saben si tomarlo como algo anécdotico o como el inicio de algo más grande. Las imágenes de las sublevaciones en el norte de África y el mundo árabe están recientes, y comienza a incomodar la comparación de Sol con la plaza Tahrir de El Cairo.

El movimiento cae en un error formal. Para cubrirse las espaldas frente a posibles órdenes de desalojo de campamentos -como ya había ocurrido en la mañana del martes-, solicitan autorización a la Delegación del Gobierno para que las concentraciones tengan un respaldo legal. Sin embargo, la petición es elevada a la Junta Electoral Provincial, que, con la ley en la mano, las prohíbe porque no ve causas extraordinarias por un tecnicismo que marca la ley en tiempo de campaña y porque considera que pueden influir en la decisión del voto de los ciudadanos. La negativa provoca un efecto llamada y el 15M estalla definitivamente. La Puerta del Sol está a reventar la noche del miércoles poniendo por delante de la resolución el derecho constitucional a reunión, y la policía no actúa para evitar incidentes, avalanchas y quién sabe si más. Además, parece descabellado desalojar a 20.000 personas del centro de Madrid.

La Junta Electoral Central unifica criterios para toda España y prohíbe concentraciones la jornada de reflexión y el propio 22 de mayo, día de las elecciones. Nuevamente la contestación ciudadana se impone y a las 00.05 h. del sábado Sol -y decenas de ciudades en todo el país- grita consignas como “Que no nos representan”, “Lo llaman democracia y no lo es” o “Estamos reflexionado”, entre muchas otras.

El fin de semana electoral discurre tranquilo y sin incidentes. Los acampados, ya conocidos también como indignados, continúan de forma paralela con una cierta rutina de reuniones asamblearias y proponen quedarse en Sol más allá del 22-M. Los resultados, los ya sabidos: derrota aplastante del PSOE. De un primer vistazo, no parece que el movimiento, a pesar de su repercusión mediática y social, haya tenido reflejo en las urnas, pero eso ya será motivo de análisis más adelante.

Las interpretaciones
Hasta aquí la crónica (una más, con todos los detalles que se quedan en el tintero) de una semana tremendamente intensa. Las interpretaciones de la naturaleza del movimiento, de sus planteamientos y sus acciones fueron motivo de enorme discusión en foros políticos y medios de comunicación, a quienes, insisto, pilló absolutamente en fuera de juego la situación. Políticos como Esperanza Aguirre se preguntaron por qué (al estilo Mourinho) la acampada se realizaba en Sol, tomándola como si fuera algo personal en uno de sus típicos arranques de egocentrismo. La entonces candidata popular a la presidencia de la Comunidad de Madrid olvidaba que es la sede del gobierno madrileño la que está en la Puerta del Sol, y no al revés. Y, por otro lado, el pueblo egipcio no se manifestó para pedir democracia en las pirámides, 20 kilómetros a las afueras de El Cairo, sino que lo hizo en pleno centro de la capital para obtener, como es lógico, mayor repercusión. Por su parte, la ministra de Defensa, Carme Chacón, hizo un guiño a los acampados asegurando que algunas de sus reivindicaciones eran factibles. Si lo eran, ¿por qué no se concretaron antes para no dar lugar a estas protestas masiva?

Algunas otras teorías de la conspiración surgieron en torno al movimiento desde medios de comunicación conservadores como Intereconomía, Libertad Digital o Es Radio, trayendo a la memoria las protestas del 13-M en Génova. Algunos pseudo-eruditos como César Vidal perdieron los papeles cuando dijeron que los acampados tenían contactos con ETA y habían recibido adiestramiento en kale-borroka. El Mundo, con su director, Pedro J. Ramírez, a la cabeza, exigió en todo momento el cumplimiento de las decisiones de las juntas electorales sin tener en cuenta dos puntos: era materialmente imposible desalojar Sol, como también lo parecía discernir en una multitudinaria turba quién es manifestante, quién se reúne libremente o quién es un simple curioso.

Democracia Real Ya y #acampadasol insistían una y otra vez en que no simpatizaban con ningún partido político y se puede afirmar que gestionaron con éxito y relativo orden la avalancha de acontecimientos, pero también cayeron en más de un error. Al tratarse de un colectivo muy heterógeneo, no pudieron controlar algunos compartamientos impertinentes con los medios de comunicación. Increparon y no permitieron realizar su trabajo (discutible o no) a periodistas de la propia Intereconomía, Telemadrid o Telecinco.

Por otro lado, entre los cientos de pancartas y carteles que se podían leer, había muchos que hacían alusión a que no se bebiera para mantener las facultades físicas y mentales en óptimo estado; no habría estado de más aludir también al consumo de ciertas sustancias. No había más que darse una vuelta por debajo de las carpas y comprobar los perfumes naturales que no procedían precisamente del cemento de Sol. Estos y otros detalles, aparentemente banales, podían dar argumentos a quienes consideraban las concentraciones “reuniones de perroflautas”. Además, con el pasar de los días y la cada vez mayor afluencia y heterogeneidad de gente, el campamento pareció convertirse en algunos momentos del día -según dijeron algunos periodistas incluso afines a la iniciativa- en una especie de mercadillo medieval o parque temático alternativo donde tanto se podía recibir una sesión de reiki como aprender a cultivar; algunos mensajes comenzaron a desvariar.

Son sólo algunas impresiones, ni más ciertas ni falsas que las de cualquiera que haya pasado por allí estos días, y diez días después del arranque del movimiento parece evidente que el mensaje se ha desgastado y que el globo se ha desinflado. El poso que haya dejado a medio o largo plazo es una incógnita que plantearemos en el último post de la serie.

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Posted in: Política