Esta noche dormiré a pierna suelta

Posted on 19 octubre 2011

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Son días raros. Pasan muchas cosas. El tiempo vuela. La información apabulla. Hay muchos frentes. Tengo proyectos en mente.

Y en medio de todo ello, sin saber muy bien dónde centrar el foco, fallece un compañero de trabajo. Es la primera vez que me pasa. En mis círculos laborales habitualmente ha habido compañeros jóvenes, pero en la actual etapa también tengo cercana gente mayor. Claro, que una mala enfermedad, si quiere, te lleva por delante a cualquier edad.

Con Ángel no tenía una especial relación. Era de la vieja escuela y los CMS, las capas flex y los xml no es que le quedasen grandes, es que directamente le costaba crear o abrir una carpeta. A sus 60 años, lo tenía todo hecho: había hecho periodismo deportivo del verdadero, del sencillo, sin las estridencias de los ‘Sálvame Deluxe’ futboleros que hoy sufrimos; perseguía constantemente al director de Recursos Humanos para preguntarle que cuándo le tocaba la prejubilación; y movía Roma con Santiago para imprimirle cientos de apuntes a su hijo. Bromeábamos, yo con su Atleti, él con mi Madrid, y siempre confundía los nombres de los compañeros.

Ángel López OchoaUn jueves no apareció. “Angelito está malo”, nos dijeron. Parecía increíble. En los dos años desde que yo le conocía jamás había faltado a su turno de jueves a domingo. La neumonía y un ictus se aliaron con su diabetes por tierra, mar y aire y en cuatro semanas le jodieron pero bien. Me quedé frío. Supongo que será porque no compartíamos el día a día. Pero me habría gustado sentirme peor. Y no lo conseguí. Deja mujer y dos hijos veinteañeros. Imagino que todo un drama para una familia. No sé, es una sensación extraña, como si esa frase que me gusta tanto que dice “la costumbre mata la sensibilidad” se hiciera realidad. Quizá también puede ser por la rutina de las muchas y malas experiencias familiares con la salud. No sé.

Fuimos a un tanatorio moderno pero igual de lúgubre que todos, presentamos nuestros respetos a gente que no habíamos visto en nuestra vida y volvimos a nuestra mesa a trabajar como si nada. No voy a utilizar el argumento pseudo-infantil y hasta ridículo “no somos nadie”. También creo que se trata de una cuestión cultural: en Occidente la muerte siempre ha sido algo oscuro, tétrico; mientras que, por ejemplo, en Latinoamérica las distancias entre la vida y la muerte son mucho más cortas.

Vengo con mis simplonas reflexiones, cuando de la muerte es posiblemente de lo que más se ha escrito después del amor. Pero al final, me quedo con la sensación de volatilidad (nunca mejor dicho en estos tiempos de tempestad financiera). Este puto mundo no para y entonces te planteas si merecen la pena todas esas estúpidas preocupaciones que no te dejan dormir. Yo, os prometo que esta noche lo haré a pierna suelta.

Angelito, hoy la paella tenía buena pinta. Te habría gustado. Descansa en paz.

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Posted in: Vida