No, yo no he vivido por encima de mis posibilidades

Posted on 18 enero 2012

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El vomitivo mantra que la clase política y económica de este país ha intentado inocular en nuestros cerebros en los últimos meses (ya vamos camino de años) quizá haya conseguido arraigar en algunos de ellos. Pero me rebelo. Me cabrea. Me jode.

Porque no, ni yo ni muchos comos yo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Mi padre ha trabajado sin parar 48 putos años de su vida y os juro que varias veces le he visto saliendo del taller metalúrgico en el que se dejaba los pulmones cubierto de grasa y mierda, como si le hubiese escupido el mismísimo infierno. Mi madre se ha dejado media vida en sacar adelante a un discapacitado a base de lágrimas y desesperación, desde la mínima información y los nulos recursos que había hace 40 años.

Y mis padres conocieron el mar

Y mis padres conocieron el mar

A esos dos luchadores, que en su boda ofrecieron como convite dos cajas de botellines y una de gambas a la puerta de la casa de los padres, y que no tuvieron luna de miel, hoy les dicen que han vivido por encima de sus posibilidades. A esos dos pringados, que pagaban religiosamente 5.000 pesetas a la semana para reservar la comunión del pequeño, hoy les dicen que han vivido por encima de sus posibilidades. A esos dos gilipollas que conocieron el mar con 45 años y que ahora siguen creyendo que es un lujo gastar 1.300 euros en una semana en una habitación doble con cama supletoria y media pensión, a esos, hoy les intentan hacer creer que han vivido por encima de sus posibilidades.

Y yo me niego. Vivo de alquiler en 55 (maravillosos) metros cuadrados y no me he hipotecado hasta las cejas. Antes viví con mucho orgullo posiblemente en el barrio “más chungo” de Móstoles (eso me decían amigos y compañeros de clase). Nunca he tenido unos Levi’s, un Lacoste ni unas Nike. Me supuso un trauma que mi madre se gastase 3.500 pesetas en unas J’Hayber. Estudié en colegio público y fui a la universidad pública. No he hecho ningún máster ni lo haré porque no creo en eso de pagar por trabajar. Voy a la sanidad pública porque confío en ella. Me voy de vacaciones dos veces al año mirando cada céntimo. Tengo un buen sueldo (¿cuánto durará?) y de los casi 12 años que llevo trabajando, sólo he estado en paro 3 meses. Por eso doy gracias cada mañana (para algún banquero y algún político casi debería pedir perdón), y aunque refunfuñe o maldiga, me considero un enorme afortunado, un puñetero suertudo que ya no quiere ni necesita ser como Iñaki, sino sólo un ciudadano libre y feliz al que no le tomen el pelo. Y eso, en estos días, ya es mucho.

Yo no pedí autopistas bajo ríos ni aeropuertos sin aviones. Pero seguiré pagando mis impuestos porque creo tan radicalmente en lo público que quiero la excelencia en un colegio de barrio y no en un invento segregacionista e irreal; porque no quiero que la salud sea un negocio y quiero que los grandes profesionales de la medicina estén reconocidos y bien pagados; porque quiero seguir ayudando al parado y que el jubilado no tema por su pensión; porque creo, en definitiva, en una sociedad de solidaridad e igualdad de oportunidades y quiero que conservemos los derechos que tanto les costó conseguir a nuestros abuelos y padres.

No, yo no he vivido por encima de mis posibilidades. Y como yo, millones de ciudadanos de este país y de esta civilización. Si al soldado el valor se le presupone en la guerra, al golfo de turno la honestidad y la decencia hace tiempo que no se le pide. Va siendo hora de exigírselo en los tribunales, en los parlamentos y en la calle. Y todo empieza por la concienciación de uno mismo. No, yo no he sido responsable, lo tengo muy claro. Así que a otro con esa milonga, porque no, yo no he vivido por encima de mis posibilidades.

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